Fue el Bond de los que no tenían Nintendo 64 y era difícil de jugar, pero 007: El mañana nunca muere tuvo una intuición que acabaría imponiéndose en los juegos de James Bond
Pocos juegos permiten medir con tanta claridad cuánto han avanzado los videojuegos como 007: El mañana nunca muere (Tomorrow Never Dies, 1999).
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